Libros
La novela El matrimonio perfecto, de la autora best seller Jeneva Rose, es un atrapante thriller legal que nos lleva a ver los lugares más oscuros de enfrentarse a un proceso penal.
Dentro de la enorme cantidad de cosas terribles que pasan en
el mundo, uno piensa que está a salvo de que le pasen muchas de estas. Quizás
uno puede tener dentro de su radar algunas posibilidades de cosas indeseables
que le puedan llegar a suceder: perder un empleo, que su pareja lo engañe, que
de un día para el otro no le quieran renovar el contrato del alquiler o incluso
tener que llegar a endeudarse por una crisis con la tarjeta de crédito. Sin
lugar a dudas, todas estas son posibilidades en la vida adulta, y cuando uno es
el responsable de mantener un techo sobre su cabeza y el de su familia,
cualquiera de estos problemas es suficiente para mantenernos despiertos durante
la madrugada.
Aunque todo lo que mencioné hasta el momento es una
posibilidad para muchos de nosotros, estoy seguro de que la mayoría de los
lectores de esta columna (si es que existen) no tienen ni siquiera presente la
posibilidad de tener que afrontar algo muchísimo más grave y preocupante como
lo es tener que afrontar un proceso penal, en el que se nos acuse de haber
cometido un delito tan grave como un homicidio.
Es por eso por lo que esta semana quiero hablarles del que,
seguramente, es uno de los mejores libros que van a formar mi biblioteca este
año 2026 (una afirmación fuerte, considerando que para cuando se publique esta
columna recién vamos a estar comenzando marzo). Me refiero a la novela El
matrimonio perfecto, de la autora best seller de The New York Times, Jeneva
Rose.
La trama de este thriller legal que me tuvo atrapado durante
los tres días que me tomó leer sus 376 páginas es la siguiente: Sarah Morgan es
una de las mejores abogadas penalistas de Washington D.C. Tiene un historial
impecable y la han nombrado socia del despacho antes de cumplir los treinta y
cinco años. Su vida va exactamente como había planeado. De su marido, por el
contrario, no se puede decir lo mismo: Adam es un escritor fracasado que además
está resentido por el éxito rotundo de su mujer. Durante casi dos años, Adam ha
mantenido en secreto una aventura con Kelly Summers, pero todo cambia cuando
ella aparece muerta en la casa del lago del matrimonio y él es arrestado como
principal sospechoso. Entonces, Sarah toma una decisión difícil y se enfrenta al
caso más duro: defender a su marido, acusado de asesinar a su amante.
A lo largo de toda la novela, la autora hace uso de un
recurso literario que le viene como anillo al dedo a la trama. Los capítulos
están narrados, de forma alternada, por ambos protagonistas de la novela, Adam
y Sarah. Así podemos ver todo el tiempo la tensión entre la relación de estos
dos personajes y los puntos de vista de ambos: el marido infiel acusado de
asesinato y la mujer engañada, quien asume la defensa legal de su marido. Esto
también nos permite ver la presión constante a la que ambos son sometidos a lo
largo de todo el proceso penal, a causa de las consecuencias colaterales que el
juicio conlleva.
En El matrimonio perfecto tenemos un dato clave que
le suma una dosis extra de tensión a toda la trama: la historia transcurre en
el Estado de Virginia, donde el castigo para este tipo de delitos es la pena de
muerte. De esta manera, Adam se encuentra en una carrera contrarreloj para
poder defender su caso, obtener pruebas de su inocencia e intentar salvar su
vida. Resulta necesaria una aclaración importante: la novela fue publicada por
primera vez en el año 2020 y la pena de muerte en el Estado de Virginia fue
abolida en el año 2021, por lo que la realidad jurídica ha cambiado en el mundo
real.
Definitivamente, leer sobre un proceso penal es más
divertido siendo un simple espectador desde el living de la casa de uno. Muy
por el contrario, cuando uno es el que se sienta en el banquillo de los
acusados, el mundo que lo rodea puede volverse un lugar muy hostil, sin un
punto firme donde poder hacer pie, encontrar apoyo y reunir las fuerzas
necesarias para afrontar lo que es uno de los momentos más duros que se pueden
enfrentar en la vida.
En lo personal, no me ha tocado (por suerte) tener que
afrontar jamás un proceso de este tipo. Sin embargo, he tenido gente cercana a
quien si le ha tocado. Casos como el de un conocido que manejando con su auto
chocó contra una moto por culpa de esta última. A la acusación fiscal no le
importó que la culpa del accidente haya sido de la moto. Solo se centraron en
que el motociclista sufrió lesiones graves. Esto fue suficiente para que mi
conocido terminara imputado del delito de lesiones, lo que finalizó con un
acuerdo con la fiscalía y él teniendo que realizar varias horas de servicio
comunitario.
Gracias a la vida, en Argentina no existe la pena de muerte.
Incluso su aplicación sería inconstitucional por los tratados de derechos
humanos de los que el país forma parte, como el Pacto de San José de Costa
Rica. Sin embargo, eso no significa que las cárceles argentinas estén libres de
personas condenadas injustamente. No hace mucho, en otra columna, hablé del
caso de Fernando Carrera, quien estuvo detenido siete años por los
hechos conocidos como “la masacre de Pompeya”, en la que perdieron la vida tres
personas, como consecuencia de las conductas ilegales realizadas por la Policía
Federal, la misma que terminaría inculpando a Carrera para ocultar su mal
accionar.
Si después de esto, a uno todavía le quedan ganas de seguir
pensando que nunca le va a tocar enfrentarse a un juicio penal, no está demás
recordar el caso de Marcos Bazán, quien fue injustamente condenado a la
pena de prisión perpetua por el homicidio de una adolescente de 16 años. La
única “prueba” contra Bazán (resalto, “prueba” entre comillas) fue que un
adiestrador de perros fue guiado por su perro hasta su casa, supuestamente
porque detectó el olor de la víctima, sin seguir ningún protocolo y sin ser verificado
por ningún otro perro entrenado. En el domicilio no se halló sangre, cabellos,
ni nada relacionado con el crimen. Afortunadamente, luego de que Innocence
Project Argentina tomara la defensa de Bazán, fue absuelto del crimen de la
adolescente.
Definitivamente, El matrimonio perfecto es un
excelente recordatorio de que nadie está exento de terminar dentro de la burocracia
de la justicia penal y en la mira de la condena social. Uno nunca está exento
de encontrarse en el momento y en el lugar equivocados, donde no se aplica el “inocente
hasta que se demuestre lo contrario”.
JMR
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