Opinión
El 3 de abril cumplimos 121 años de historia xeneize. Una mirada sobre el estado de situación del club más grande de América y sobre como resulta más que necesario reflexionar sobre el rumbo que se necesita para volver a estar en lo más alto.
Hablar de la historia de un club gigante como Boca es algo
que han hecho ya demasiadas personas como para pretender cualquier aire de
originalidad en lo que es una simple columna de domingo. El club de fútbol más
grande de América, y uno de los más grandes del fútbol mundial, tiene escritas
miles de páginas sobre las hazañas heroicas que ha conquistado.
Cada uno de nosotros tiene su propia historia con el club.
La mía comenzó en la mañana del 16 de julio de 2005, muy temprano a las 7.00
am, un sábado que arrancó con una temperatura mínima de 4° grados centígrados.
Boca se enfrentaba al Tottenham Hotspur de Inglaterra, en un amistoso disputado
en Corea del Sur. Fue el inicio del primer ciclo del Coco Basile al
frente de la Azul y Oro y el primer partido con el que comencé a seguir la
campaña del Xeneize.
Desde aquella primera mañana ya pasaron casi 21 años de
historia, pero el recuerdo de aquella última época dorada del club todavía lo
tengo fresco en la memoria: era la época del “equipo de memoria” del Coco. Se
sabía quien era titular y quien era suplente. El club tenía referentes
históricos al salir del túnel al campo del juego, jugadores que bien sabían lo
que era ser campeones del mundo. No había nombre ni apellido que fuera más
importante que la propia historia de Boca Juniors. Quizás el ejemplo más claro
de ello lo fuera ver a Guillermo Barros Schelotto, un tipo que supo ser
campeón tres veces de América en ese momento y dos veces campeón del mundo,
bajar a jugar en reserva para sumar minutos de juego, tras haber perdido el
puesto con Rodrigo Palacio.
Tener 33 años mientras escribo esta columna me dio la suerte
haber podido vivir esa era. La última gran era en la historia de Boca, con los
5 títulos ganados al hilo con Basile en 5 competiciones disputadas, siendo la
base del equipo que lograría la sexta Copa Libertadores del club en el año 2007,
con Miguel Ángel Russo al mando del equipo y con la conducción dentro
del campo de juego de un Juan Román Riquelme fuera de serie. Este ciclo
se terminaría con la conquista de la Recopa Sudamericana del 2008, después de
derrotar a Arsenal de Sarandí. Sería el último título internacional que Boca
conseguiría en más de 18 años hasta la fecha.
A pesar de que esta fue la última gran época del club de La
Ribera, tampoco se puede hablar de una debacle total en lo que siguió: se
siguieron obteniendo títulos locales, campeonatos de primera división, se ganó
en más de una oportunidad la Copa Argentina y se alcanzaron tres finales de
Copa Libertadores. Cualquier equipo que no fuera Boca mataría por tener este
historial deportivo. Pero para el hincha xeneize, acostumbrado a la gloria,
esto no resulta suficiente. Para cada uno de nosotros, hay una obsesión fija,
un objetivo claro: ganar la séptima Copa Libertadores y convertirnos en los
máximos ganadores de la competencia, junto con Independiente de Avellaneda.
Lastimosamente, la realidad de nuestro equipo el día de hoy
es totalmente diferente. El club se encuentra dirigencialmente tomado por una
caterva de talibanes que piensan que sus nombres propios son más grandes que la
historia de Boca. No hay un solo referente en el equipo que marque un
liderazgo, con la sola excepción de Leandro Paredes, quien se merece
todo el respeto que amerita saber cuánto pesa la copa del mundo. No se sabe quién
es titular y quién es suplente. Se trajeron incorporaciones totalmente
inentendibles y jugadores retirados a cobrar un sueldo en el club (claro
ejemplo de ello es Edinson Cavani, de quien no se entiende como todavía
sigue en el club después de demostrar que tiene menos definición que el
televisor del living de la casa de mi madre y que vive lesionado).
Todo lo antedicho es una clara muestra de que se ha perdido
el rumbo. No hay una institucionalización en el club y el mismo se maneja como
los caudillos de la época de la confederación argentina manejaban sus tierras.
Todo centrado en una figura única sin un proyecto serio, sin reconocer errores
y dando una falsa sensación de que todo está de maravillas.
Aun así, desde mi punto de vista hay un claro signo de que
la realidad de Boca es totalmente indeseable: no hay ningún técnico serio que
quiera venir a dirigir el equipo. Desde que en 2019 asumió Jorge Amor Ameal
como presidente, junto a Mario Pergolini de vice (quien prontamente fue
reemplazado por el propio Riquelme), el único técnico que supo llevar bien al
equipo fue Miguel Ángel Russo en su segundo ciclo en Boca, arrebatándole el
título de primera división a River en la última fecha del torneo en el año
2020, previo al inicio de la Pandemia de Covid-19. El resto del derrotero de
entrenadores que pasaron por el banco de suplentes siempre generaron más dudas
que certezas (incluso técnicos como Sebastián Battaglia y Hugo Ibarra,
que lograron títulos, siempre fueron fuertemente cuestionados por conducir
equipos sin una idea de juego).
El resto de los técnicos que estuvieron al frente del equipo
de primera división, no estuvieron siquiera cerca de dar una buena imagen
(incluyendo a Jorge Almirón, quien milagrosamente llegó a una final de
Copa Libertadores sin ganar un solo partido en fases eliminatorias, todo
gracias a los penales en octavos, cuartos y semifinales).
Tristemente, se ve a los hinchas de Boca totalmente divididos
entre quienes quieren otro rumbo para el club y aquellos que parecen ser más hinchas
del Club Atlético Juan Román Riquelme. Y ni siquiera estoy hablando de la
barrabrava de Boca, quien todos los partidos cuelgan banderas de agradecimiento
al presidente del club que hace más de 3 años no logra un título con el presupuesto
más grande y con el prestigio que significa para cualquier mortal pisar el césped
de la Bombonera defendiendo los colores de Boca. Es realmente triste ver esta
realidad a la que nos ha llevado esta dirigencia, donde criticar la gestión de
los actuales mandatarios en las inmediaciones del estadio lleva inmediatamente
a un apriete por parte de los mafiosos acomodados por J.R.R.
Este 3 de abril de 2026 hemos cumplido 121 años de historia.
Una historia que es demasiado grande como para no volver a estar, en algún momento,
en el lugar que Boca se merece. Pero las cosas no vienen solas. Es momento de
parar la pelota, analizar la situación real del club, ver donde estamos
parados, y pensar donde queremos que Boca esté en el mediano y largo plazo,
dejando de lado egos y apellidos que bajo ningún punto de vista pueden ser más
grandes que el propio club.
JMR
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