Libros
Las fiestas de lectura son un espacio que nos da la posibilidad de sentarnos a la mesa con perfectos desconocidos y, por un espacio de dos horas, compartir el gusto por la lectura. Una oportunidad para salir de la zona de confort y generar nuevos vínculos, con la excusa del libro en mano.
Para todos los que somos lectores habituales, es conocida
esa buena sensación de poder conectar con otros al hablar sobre qué libros
estamos leyendo, escuchar alguna recomendación de un thriller que le gustó a la
otra persona, debatir una idea de un ensayo que se ha leído en común, contar
sobre las librerías de barrio o de las grandes cadenas de las que uno es habitué,
y así con cada aspecto que pueda ser relacionado a un conjunto de páginas encuadernadas entre una tapa y una contratapa.
Todos estos puntos de conversación no suelen darse en el mismo
momento en que uno se encuentra leyendo, libro en mano. Por el contrario, para
la gran mayoría, la lectura suele ser un hábito solitario que hacemos en
nuestros ratos libres para desconectarnos de la vorágine de la rutina, o
simplemente para que el viaje en tren al trabajo sea un poco más ameno. Así,
los momentos en los que nos encontramos charlando con los demás sobre libros y
todo lo que los rodea, suelen darse en otros ámbitos, sea una reunión de
amigos, el cruzarse con un compañero de trabajo al momento de prepararse un
café, o quizás una cita con aquella persona en la que hicimos match en
Tinder.
Es por todo esto que menciono que puede resultar extraño a
quien lo escuche (o acá lo lea) cuando diga que mi plan de fin de semana el
pasado 11 de abril fue asistir a una fiesta de lectura en Espacio Pinta, en el
barrio de Villa Crespo. Para todos aquellos que nunca escucharon hablar de lo
que es una fiesta de lectura (yo me incluyo en este punto hasta hace dos meses
atrás, cuando no conocía de su existencia) consiste en lo siguiente: se
organiza una fecha, lugar y horario para asistir cada uno con un libro para
leer. El evento se divide principalmente en dos partes: en la primera, cada uno
de los asistentes, sentado en una mesa con totales desconocidos (puede
asistirse acompañados de todos modos) lee en silencio el libro que eligió
llevar, mientras de fondo suena música para ambientar el lugar, interpretada
por algún músico en vivo. Luego de aproximadamente una hora de lectura
silenciosa, la segunda parte del evento consiste en charlar con la gente que
uno tiene en la mesa sobre lo que quieran, relacionado a los libros que
trajeron cada uno. Se abre así la oportunidad de hablar con perfectos
desconocidos con la excusa de un libro de por medio.
El objetivo de ir a una fiesta de lectura puede ser el que cada
uno quiera: desde pasar solamente un rato en compañía de otras personas, el
compartir un momento fuera de la rutina con gente a la que también le gusta
leer, hasta conocer gente para generar nuevas amistades. Hay quienes podrán
incluso asistir para (¿por qué no?) conocer pareja en el evento (ustedes se
reirán, pero hasta tengo a una conocida quien conoció a su actual pareja en un
evento de degustaciones de vinos con extraños).
Hay que reconocer que, si uno no es medio extrovertido, no
es fácil llegar a un lugar donde son todos desconocidos y empezar una
conversación desde cero con alguien que no viste jamás en tu vida. A diferencia
de otros ámbitos de la vida, como lo fueron la escuela cuando uno era chico,
las actividades a la que nos mandaban nuestros padres o incluso la facultad
cuando somos más grandes, no nos queda otra que ir todos los días y ver siempre
a la misma gente que está en nuestra misma situación. Uno tarde o temprano
termina por hablar con quien tiene sentado a su lado en algún momento y
entablar alguna especie de vínculo. En cambio en una fiesta de lectura uno
elige ir ahí y arriesgarse a encontrarse con lo que sea y con quien sea. Pero
para poder tener una experiencia satisfactoria es cierto que se requiere tener
un poco de coraje y romper el hielo con quien tengamos sentados a centímetros de
nosotros, libro en mano.
Aun así, en un mundo donde la mayoría de las conexiones humanas
han pasado a hacerse a través de las pantallas de nuestros teléfonos, resulta más
que necesario darle valor a un espacio presencial que nos haga salir de
nuestras casas, de nuestras pantallas, y que nos dé la posibilidad de hablar
cara a cara con otras personas que de otro modo no llegaríamos a conocer, o
simplemente quedarían en una foto de perfil bonita en nuestra red social de
preferencia. El valor de las conexiones humanas en persona es algo que ningún
emoji ni sticker de WhatsApp vaya a poder reemplazar.
En lo personal, la experiencia del pasado 11 de abril en
Espacio Pinta me resultó muy agradable. Tuve la suerte de poder compartir mesa
con gente de varias edades y todas predispuestas a compartir dos horas de
escuchar a los demás sobre lo que nos quisieran compartir de sus lecturas, con
la simple excusa de animarse a asistir a un lugar en donde no teníamos ninguna
certeza de que las cosas salieran como las esperábamos, pero que de alguna
manera así resultaron.
Las fiestas de lectura organizadas por el Instagram de
@fiestasdelectura.std se realizan aproximadamente una cada mes o mes y medio.
No tenemos la certeza de si la próxima se realizará en los mismos lugares, si
nos podremos volver a cruzar con las mismas personas, o si uno mismo tendrá la
disponibilidad de asistir a la siguiente. Pero en caso de que uno tenga la
buena fortuna de poder volver a cruzarse con aquellas personas que le han
regalado su atención en un momento de tiempo compartido, quedará el placer de
volver a ver una cara esta vez un poco menos desconocida. En caso contrario,
siempre quedará la oportunidad de conocer nuevas caras, libros en mano
mediante.
JMR
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