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En la película ¡Te atrapé!, nos encontramos la divertida historia de cinco amigos que han mantenido durante décadas una divertida tradición y que nos da un hermoso ejemplo de que no todo en la vida pasa por lo material y lo productivo.

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El filósofo surcoreano Byung-Chul Han desarrolló en su ensayo La sociedad del cansancio la idea de que vivimos en una era de autoexplotación, en la que el ocio se ha transformado en una pérdida de tiempo. Sentimos culpa por descansar, por no vivir produciendo constantemente, en una sociedad en donde la productividad es la nueva religión del hombre exitoso. El burnout y las patologías psicológicas definen así a nuestra era, dice el pensador de Corea del Sur.

Definitivamente, Instagram (y en general todas las redes sociales) se ha convertido en el lugar por excelencia en donde estamos expuestos a este mensaje: “¿Tenés un hobby? Podría ser mejor si te hace ganar plata”; “¿Te gusta leer? Podrías aumentar la cantidad de libros que lees en un año usando esta técnica”. Son muchos los ejemplos que nos cruzamos en las pantallas de nuestros teléfonos, cuando quizás lo único que queríamos hacer era ver historias de nuestros contactos, para saber qué fue lo que hizo el resto del mundo el fin de semana.

Un poco en contra de esta lógica ultra productivista es que esta semana quiero hablar de ¡Te atrapé!, la película de 2018 protagonizada por Jon Hamm, Ed Helms, Jake Johnson, Hannibal Buress y Jeremy Renner. El argumento de la película es el siguiente: cinco amigos de la infancia comenzaron a jugar a “la mancha” (“tag” como se conoce al juego en inglés) y durante los siguientes treinta años nunca frenaron. No es una persecución constante, sino que la regla es que solamente juegan cada año durante el mes de mayo. Así, el último que “la queda” (como decíamos en el patio de la escuela cuando jugábamos de chicos acá en Argentina) hasta las 23.59.59 del 31 de mayo de cada año, es el que pasará la vergüenza durante un año entero de haber sido el último tocado hasta el próximo mes de mayo.

Sin embargo, uno de los cinco jugadores de este grupo sigue invicto después de treinta años: Jerry (interpretado por Jeremy Renner) nunca ha sido tocado en el juego, siendo el mejor jugador de la mancha en el mundo, según la admiración de sus propios amigos. Cada mes de mayo, durante los treinta años que lo han perseguido, sus amigos han fracasado en cada intento de poder tocar el cuerpo de Jerry. Es entonces cuando “Hoagie” (interpretado por Ed Helms) les da una alarmante noticia al resto de los jugadores del grupo: Jerry ha decidido dejar el juego este año para retirarse invicto después de treinta años de esquivar los ataques de sus amigos, por lo que este año es el último mes de mayo que tendrán la oportunidad de arrebatarle el invicto.

Además de ser una comedia con situaciones y actuaciones sumamente graciosas, una de las cosas más destacadas que me dejó la película es ver cómo los cinco amigos dejan de lado cosas que se consideran “serias” (y que sin lugar a dudas lo son) para poder continuar con el juego y así poder mantener viva una tradición que los ha mantenido unidos como grupo durante décadas, dándoles la excusa para mantenerse unidos incluso a través de las obligaciones de la vida adulta. Vemos como los jugadores son “tocados” incluso en las situaciones más extravagantes, desde reuniones importantes de trabajo y hasta en funerales.

No me malinterpreten, esta columna no pretende ser una apología a la desorganización y a que “no importen las cosas serias de la vida”. Quienes me conocen saben lo mucho que me gusta mantener una vida estructurada: mantener organizado mi trabajo, la casa que mantengo con mi pareja (en la medida de las posibilidades de la vida cotidiana) e incluso mis estudios durante mi época de estudiante universitario, cuando me ocupaba religiosamente de mantener al día mi método de preparación de parciales y exámenes en general (que no es un gran secreto milenario, sino que solamente tenía al día los apuntes de lo que vi en clases esa misma semana, en un cuaderno separado del que tomaba apuntes, el cual leía dos veces por día, desde una semana antes hasta cada parcial).

Pero en una era donde nos encontramos marcados por la exigencia de sacar el máximo provecho a cada segundo que tenemos, incluso al tiempo libre del que disponemos para relajarnos y recuperarnos de la exigencia de la vida adulta, vale muchísimo la pena rescatar un mensaje que, al menos durante unos instantes, nos muestre algo diferente: que es posible seguir manteniendo vivo algo que realmente no sirve para nada, pero que nos dé una excusa para mantenernos unidos con las personas que nos rodean.

Algo de esto lo podemos ver por estos días. Junio no solamente nos trajo la Copa Mundial de Fútbol 2026 de la FIFA, sino que nos trajo algo más entretenido incluso que ver los partidos del Mundial: El prode. Es muy gracioso ver en historias y reels como muchas de las personas que conozco estamos jugando con los pronósticos deportivos de los partidos del Mundial para sumar puntos y pasar en la tabla de posiciones a nuestros amigos, compañeros de trabajo o a quien sea con quien estemos participando. Yo mismo he atestiguado cómo en mi trabajo, al menos durante este mes, estamos encontrando una excusa para juntarnos en los pasillos de la oficina de a varias personas para “cargarnos” entre nosotros sobre quién va puntero, quién no pega un resultado y a quién hay que bajar de la punta de la tabla.

Probablemente Sebastián Wainraich haya sido la persona que mejor supo poner en palabras sencillas esta defensa de las cosas improductivas. En un debate contra una persona que estaba en contra de ver fútbol porque no servía para nada y le parecía totalmente ilógico pensar que uno “ganó” solamente porque su equipo de fútbol le ganó al rival, Wainraich contestó: “Con respecto a lo ilógico, estoy totalmente de acuerdo. Es ilógico, como el amor justamente. No sé por qué quiero que un equipo le gane al otro, es absurdo, es ilógico. Pero me pasa, no lo voy a reprimir ni a negar. Lo de “no gané nada” me parece que estás absolutamente equivocado y me da mucha pena que creas que ganar o perder pasa solamente por lo material, si bien lo material es importantísimo. Pero que gane un equipo y yo me ponga contento es un montón. No tantas cosas me ponen contento en la vida. ¿Y sabés por qué me gusta ser hincha también? Porque no sirve para nada. Y hoy, justamente, todo tiene que servir para algo, todo tiene que ser productivo. Bueno, ser hincha de fútbol no sirve para nada”.

¡Te atrapé! está basada en la historia real de un grupo de diez amigos en Estados Unidos que han mantenido esta tradición de jugar a la mancha durante décadas. Su historia se volvió viral luego de que fue publicada en un artículo del diario The Wall Street Journal. Después de conocer esta historia, uno le puede dar más valor a aquellas cosas que no nos dan un rédito material, sino que por unos instantes nos permiten escapar a esta lógica de la productividad constante. Uno le puede dar más valor a las cosas que no sirven para nada. 

 


JMR